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Porque de algo hay que morirse.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Fear Me

El miedo cumple años

cumple años igual que tú y que yo, y que él

y que el silencio en que se guardan las vidas que dejan de existir.

Cumple años desde que el hombre es hombre y se dio cuenta de que no todo el mundo era suyo

y que habían quienes y qués que no lo amaban

que ni siquiera lo toleraban

y el mero hecho de que alguien no apreciara su existencia

le provocó una sensación

como si le tiraran agua fría en el espinazo

como si la música estuviese compuesta solo de notas equivocadas

como si cayera miles de kilómetros

como si serpientes invisibles se le enroscaran en las piernas y en el estómago

como si escuchara por los ojos y viera por la boca, y escuchara por los pies

como si se ahogara en sus errores y sus sospechas

como si todo fuera diferente, desconocido.

El hombre se vio invadido, encogido por las sensaciones que le provocó dicho descubrimiento

y pensó en dejar de existir, se cuestionó su presencia en aquel mundo que ahora sabía hostil

lo pensó, lo pensó, vivió pensándolo

lo pensó mientras cazaba

lo pensó mientras fabricaba casas, arcos y puntas de proyectil

lo pensó mientras moldeaba cerámicas y las pintaba

lo pensó mientras construía caminos para huir de lo que temía

lo pensó mientas asaba la carne y cultivaba trigo

lo pensó mientras se vestía

lo pensó construyendo palacios, iglesias, pueblos

lo pensó dialogando y escribiendo

lo pensó leyendo

lo pensó viajando

lo pensó conquistando

lo pensó haciendo la revolución y la guerra

lo pensó viviendo en ciudades

lo pensó oprimiendo

lo pensó siendo oprimido

lo pensó trabajando en fabricas y viajando en ferrocarril

lo pensó comprando un auto

lo pensó leyendo diarios y revistas

lo pensó haciendo zapping

lo pensó leyendo un blog.

Pero así como se dio cuenda de que el miedo existía se dio cuenta de que podía vencerlo

o por lo menos

domesticarlo.

11 comentarios:

Muñoz dijo...

Yo creo que nunca lo ha pensado realmente. La domesticación del miedo no resuelve el problema principal, a mí gusto. Lo desvía y lo --por decirlo de un modo-- sublima.
Y, creo que nunca lo ha pensado porque de ser así yo no estaría respondiendo esta entrada ni tú hubieras siquiera podido escribir esto --ni nada--.
Con algo hay que entretenerse. Habrán dicho.

La Peor de Todas dijo...

Pensaba en una respuesta para tu comentario/ensayo, pero no creo que la haya, salvo quizás el hecho de que precisamente por eso es domesticación y no dominación o eliminación, como dices tú, el miedo tiene que existir...pero hay algo que no comprendo...¿tú dices que yo escribo porque temo?

(¿cuál es tu obsesión con la sublimación?)

Muñoz dijo...

Yo nunca he dicho que el miedo "tiene" que existir. Sólo dije que domesticar es sólo tolerar y aceptar --no estoy emitiendo un juicio de valor de eso, de ninguna forma--. Pero jamás he dicho que la existencia del miedo sea inevitable.
No digo solamente que escribes porque temes, sino que vives porque temes. Ahora, si vives para temer, eso es otro cuento claramente.
¿Mi obsesión con la sublimación? Tiene que ver con vivir con miedo pero no vivir para el miedo.

La Peor de Todas dijo...

¿Cómo tantos laberintos caben en un ser que utiliza tan poco espacio en el mundo?

(por lo menos a lo ancho)

Muñoz dijo...

Enamórate de una inglesa y verás.

La Peor de Todas dijo...

¿Qué tanta diferencia tiene con un inglés?

Esa experiencia ya la tengo

Luna de Margarita dijo...

yo creo que la obsesión por la sublimación tien que ver con el miedo a la desaparición; y es algo que creo compartimos todos [los que escribimos] [y los que no también]
Ps: maldita flema inglesa, malditos cuerpos torturados ingleses.

Muñoz dijo...

¿Qué tanta diferencia?
Mucha. Un cromosoma distinto.

PS. ¿Cómo quedaste con tu experiencia inglesa?

La Peor de Todas dijo...

¿Como crees tú?

Muñoz dijo...

Con ingleses nunca se sabe. Tengo una idea. Pero quiero el testimonio.

La Peor de Todas dijo...

No más historia oral por favor! Pero si quieres saber fue extraño, implicó grandes cantidades de té de la más variada índole además de prácticas y actitudes dignas de novela del siglo XIX.