Llegan silenciosamente
tocan el timbre de manera breve, seca.
Les abre casi siempre la suegra (que es también, casi siempre, quien los ha llamado, de nadie sabe donde)
Con una sola mirada basta.
Suben (si hay escaleras, casi siempre las hay)con sus misteriosas maletas y su silencio de hospital (o de camposanto, como prefieran)
se encierran en la habitación designada
horas o minutos (depende)
Se oyen taladros, martillos, serruchos, una que otra puteada
ni un sonido que no pueda asociarse a una construcción convencional (ahí radica la maestría)
Abajo o afuera (depende de la existencia o no de las escaleras)esperan, impacientes, el novio, las madrinas, el padre y la madre (designados por la comunidad).
Finalmente, al atardecer, mientras la familia toma café/o/té
los ruidos cesan y la puerta se abre, justo para que se pueda oír
-Espera, Raúl, se te olvidó pegar la sonrisa-
Vivan.

3 comentarios:
Mucha preparación, demasiado de por medio.... bastará abrir las puertas, y los ojos :)
Un abrazo!
¿Dónde queda el taller?
Tengo intereses particulares y generales. ¿Dónde queda el taller? ¿Se necesitan las boletas?
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