El joven espíritu sentía dentro de sí la urgencia del actuar
el ansia del grito, la carrera alocada a la muerte por el ideal, muerte segura.
El joven espíritu deseaba ser mártir.
Ser mártir y ver las lágrimas en los ojos del pueblo hasta ahora cegado por las
sonrisas tranquilizadoras y las brillantes corbatas
terribles corbatas del Estado.
Pero al wannabe mártir el pueblo le daba asco.
Los ancianos desdentados, los niños embarrados, la ausencia de nobleza de los
quiltros escúalidos y las mujeres desgreñadas.
No quería saber nada de eso.
Para el joven y cruel espíritu el pueblo tal como estaba no debía tener el poder
por ello deseaba morir por la causa que lo transformaría en una copia
dicharachera, populosa y sin corbata
del mismo estado que lo oprimía.
Ya no quiero seguir escribiendo sobre este espíritu.
Vivan.

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