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Porque de algo hay que morirse.

sábado, 11 de octubre de 2008

Interview

Voy a subir aquí un cuento que vengo escribiendo desde hace un tiempo.
Ojalá les guste...si no les gusta, bueno, nadie los obliga a leerlo.

Estoy sudando, no puedo creerlo, nada me pone nervioso, es más, cuando se presenta una oportunidad como ésta la emoción más presente es el orgullo de haber sido elegido.
Tomo mi libreta de apuntes y repaso nuevamente los antecedentes, a pesar de sabérmelos casi de memoria. 150 personas .En tres años. Estoy a punto de entrevistarme con el asesino más prolífero que ha dado la historia de este país. Todas sus víctimas eran encontradas cerca de rosales. Apuñaladas. Alternando entre la carótida y la femoral. Al recibir cualquiera de estos dos golpes te desangras en segundos.
Aún no se cómo lo capturaron, los diarios no lo especificaron y nadie quiso responder aquello, tampoco sé porque me concedieron esta entrevista justo a mí, porque estoy más que seguro que todo periodista desearía estar en mi pellejo en este momento. Sonrío y recuerdo a Vito, con su eterna sonrisa de campeoncito. Probablemente se dio cabezazos contra la pared cuando supo que yo entrevistaría al asesino mas famoso de los últimos tiempos, si es que no lo era de todos los tiempos. Seguramente me volveré famoso, quizás gane un premio por mi reportaje y… El sonido de pasos interrumpe mis sueños de gloria, me acomodo lápiz en mano, y me dispongo a enfrentar a aquel prolífero psicópata.
A medida que los pasos se acercan mi corazón late más y más rápido hasta que finalmente la puerta se abre y entra un oficial agarrando por el brazo a… ¿una muchacha? Abro la boca a causa de la sorpresa ¿Qué demonios esta pasando aquí?
La joven se sienta frente a mí, yo miro al hombre que la trajo, seguro de que debe haber una equivocación, esta muchacha pálida e insignificante no pudo haber matado a tal cantidad de gente, le calculo unos 17 años, 19 como máximo.
De pronto me invade un nuevo sentimiento, la indignación. Yo soy un periodista serio, no tengo tiempo para soportar esto, que seguramente es una broma, me dispongo a quejarme, enojado, pero de pronto la chica alza los ojos y me mira. Instantáneamente quedo petrificado, presa de una mezcla de asombro y…..miedo, frente a aquellos ojos. Oscuros y penetrantes .Carentes de vida. Me estremezco y lo admito, cualquier ser poseedor de una mirada semejante podría fácilmente asesinar a cuantas personas quisiera.
No sin cierto esfuerzo consigo salir de mi estupor y recuperar algo de mi compostura, después de todo soy un profesional, apreto el lápiz y adopto la actitud de entrevistador. Hago acopio de toda mi fuerza mental para volver a enfrentar los ojos muertos de esta jovencita.
-Buenas tardes señorita…-comienzo- ¿su nombre?
Vacilación.
-Preferiría no ver eso publicado – dice- pero usted puede llamarme Dalila- Voz suave. Dulce.
Sonrío aceptando sus términos.
-Muy bien, ¿podría entonces decirme como fue que la atraparon? – inmediatamente maldigo mi falta de tacto, ese no es el tipo de pregunta que se hace para comenzar una entrevista, pero esta chiquilla me descoloca de sobremanera y he soltado lo primero que llegó a mis labios.
La tal Dalila se ríe antes de negar con la cabeza.
- No me atraparon, yo me entregué-
Alzo involuntariamente una ceja, incapaz de creer aquello, pero prefiero no cuestionarla.
Algunas semanas mas tarde, el jefe de la policía, al ser entrevistado, le daría la razón “Llegó un jueves por la noche con una caja en la mano diciendo que venía a entregarse” al preguntarle nosotros por qué , ella respondió “por el asesinato de 150 personas” nosotros nos reímos hasta que la jovencita abrió la caja, dentro habían 30 cuchillos ensangrentados cada uno en una bolsa con una etiqueta que indicaba una fecha
“Tengo cuatro cajas más, ¿realmente va a dejarme salir por la puerta?” Nosotros no supimos que hacer así que notificamos y la ingresamos” pero eso sería mucho después. En este momento yo no soy capaz de creer cosa semejante, de modo que no indago más en ello.
-¿Como los mató?- pregunto
-¿No leyó los diarios? Los apuñalé –
-Pero había algunas víctimas que a todas luces eran mucho más fuertes que usted-
Despunte de sonrisa. Me mira divertida.
-No se trata de fuerza, si no de habilidad- hace un gesto para ilustrar – para un golpe como éste se necesita velocidad y destreza - dice mientras hace el movimiento que utilizó para quitar la vida a la mitad de sus víctimas – debe uno ponerse tras la persona de modo que esta prácticamente no lo nota-
La miro fijamente, un poco extrañado.
-Si no lo notan, ¿cuál es la gracia? ¿Porqué hacerlo?-
La chiquilla frunce el ceño y por un momento temo, o tal vez no tanto porque esto realmente asusta un poco, que dé por terminada la entrevista, pero luego me mira
-Porque puedo. – dice simplemente. Mueve la mano otra vez – la otra forma es más complicada porque debe ser de frente y te las debes ingeniar para que la persona no vea el brillo de la cuchilla - pausa, se encoge de hombros- de todos modos yo mataba siempre de noche, pero aun así…-
-¿Aun así qué?-
-El brillo de la luna puede ser muy traicionero-
Dalila suspira antes de volver a clavar en mí sus ojos muertos que me causan escalofríos
Decido pasar a otro tema, que también ronda por mi cabeza
-¿Como los elegía?-
Otra sonrisa.
- Debo tener por lo menos 15 años menos que usted – me dice- así que no veo porqué tantos miramientos a la hora de hablarme-
Frunzo el ceño, no muy seguro de haber entendido
Ella se inclina hacia delante sobre la mesa.
-Me refiero al “usted”- me dice en tono cómplice
Asiento alejándome imperceptiblemente, de haber sido cualquier otra muchachita la habría tuteado desde el principio, pero siendo ella quien es…
Vuelvo al tema.
-Está bien, ¿como los elegías?-
-Me paraba junto a un rosal- cuenta- y esperaba a la primera persona que pasara, al principio eran solo ancianas o personas de complexión débil, pero luego comencé a buscar presas más grandes y difíciles de atrapar-
Sonrisa evocadora. Como de quien recuerda sus mejores años.
-Al principio era un desastre-continúa luego- no sabía bien como manejar la cuchilla y a algunos tuve que apuñalarlos más de tres veces para asegurarme de que estaban muertos –
Siento algo helado descender por mi espalda, esta jovencita acaba de redefinir sangre fría.
- Bueno – añade al cabo de unos segundos – por algo había que partir
- ¿Como….cómo decidió...decidiste comenzar?-
Dalila se encoge de hombros.
-No lo sé – dice – me preguntaba cómo sería, solo eso – pausa. Reflexión – cómo sería ver la vida huyendo de los ojos de otro ser humano, cómo sería saber que fuiste la última en verlo con vida, sentir el último latido de su corazón, oír su último suspiro – se detiene solo un instante – ¿y sabe lo que descubrí? – me pregunta súbitamente.
Trago saliva. Niego con la cabeza. Me mira fijo, sonrisa amplia.
-Que es grandioso –
“Loca” pienso “está completa y absolutamente loca”. Si bien mi diagnóstico no es muy profesional es todo lo que puedo creer tras escuchar semejante declaración. Pienso un segundo. La miro.
-Si era tan grandioso, ¿porqué te entregaste?-
Alza un dedo y mueve la cabeza, aprobando la pregunta.
-Bien, bien, sabía que no me equivocaba con usted – sonríe – simplemente llegó mi momento, solo eso –
Frunzo el ceño.
-¿Tu momento?, ¿tu momento de qué?-
Su semblante se ensombrece y me mira desde la profundidad de sus brillantes ojos. Vacíos.
-De pagar, llegó mi momento de pagar-
-Pagar por qué?
Sonríe, ladina
-Mi diversión, no tiene idea de lo genial que fue, pero por ello mucha gente…-se detiene buscando el término adecuado – dejó de existir, era justo que yo dejase de existir también – mira el techo antes de continuar- por lo menos que dejara de existir como ciudadana –
Espera mi reacción, evito su mirada. Mi silencio se prolonga demasiado
-Y bien? –me interroga
Pienso en la manera adecuada de expresarlo
-Lo realmente justo habría sido…-
-Que yo muriera también- me interrumpe antes de inclinarse sobre la mesa que nos separa acercándose a mí y seguir. Tono confidencial.
- Créame que lo consideré más de una vez, pero luego me di cuenta de que sería demasiado egoísta, demasiado cobarde. Creí que para las familias sería más gratificante verme llorar mi juventud perdida y enterrada, mientras me pudro entre estas cuatro paredes, por la eternidad de 5 cadenas perpetuas-
No soy capaz de concebir a alguien que pueda llegar a encontrar aquello gratificante, sobretodo alguien que acaba de perder a un ser querido.
Pero hay que dejar claro que a mí siempre me ha resultado imposible imaginar la maldad en la gente. Aunque esta muchachita está a punto de hacer eso cambiar. Oigo su voz otra vez.
-Sé lo que está pensando- me guiña un ojo- ¿cómo podría alguien –sonríe-bueno, alguien aparte de mí, gratificarse con el sufrimiento ajeno?-
La miro sorprendido por la exactitud de su inferencia, ella cierra los ojos y alza las cejas con aire de suficiencia, luego los abre otra vez y estira los brazos.
-Debería haber visto las miradas en las caras de toda esa gente- me dice abriendo mucho sus ojos negros – el odio en esa sala era casi palpable- risa, casi malévola, o sin el casi- lo más gracioso es que no conocía a ninguno de los presentes- se encoge de hombros – así como no conocía a ninguna de las víctimas-
Me inclino un poco hacia delante, no creyendo aquello.
-¿Ninguna?-insisto-¿ estás segura de que de esas 150 personas ninguna fue nada para ti?-
No me mira durante un rato. Vuelve a alzar los ojos. Sonrisa distinta, de congoja, quizás.
-Charlie- me responde- recuerdo a Charlie-
-Charlie- repito- quién es Charlie?-
-Fue el numero cien- dice, pero su tono es diferente, la faceta más humana que la he visto demostrar. Continúa. Mirada ausente.
-Acababa de comprar un cuchillo nuevo y estaba regresando a mi casa, cuando lo vi, parado en la baranda del puente, balanceándose levemente – suspiro- como si no estuviera seguro de si quería tirarse o no. Me acerqué a él, con cuidado, pero aún así me escuchó, se dio la vuelta “no intentes detenerme”me dijo, yo le dije que no pensaba hacerlo, pero luego le dije que tenía una mejor idea sobre como podría acabar con su sufrimiento. No me entendió, de modo que le mostré la cuchilla, él abrió mucho los ojos y después de pensarlo me preguntó si hablaba en serio- me mira fijo- quiero que sepa señor, que yo siempre hablo en serio-
No me cabe ninguna duda, pienso tragando saliva mientras continúa su relato.
-Logré, después de un rato, que se bajara de la baranda, le expliqué lo que pensaba hacer-reflexiona-creo que es el único acto de generosidad que he realizado en mi vida-
No veo como matar a alguien pueda ser un acto de generosidad. Nuevamente adivina mi pensamiento.
-Para su familia será más reconfortante saber que lo mataron, antes de enterarse de que Charlie era una basura que respiraba y que odiaba su vida-
Retorcido sentido de la justicia. Para su familia sería más reconfortante tenerlo vivo, pienso mientras sigue hablando.
-Con él fue el único con el que jugué al genio-
-¿Al genio?- pregunto
Nuevamente la risa
-Le concedí un último deseo, antes de matarlo-
-¿Qué fue lo que te pidió?-
Brillo pícaro en sus ojos, vuelve a ser la misma de antes, inhumana y muerta.
-Aún era virgen, de modo que en realidad le quité dos cosas- se pasa la lengua por os labios. Es repulsiva. Reprimo una mueca de asco - la inocencia y la vida-.
Me mira, desafiándome con sus ojos. Negros y brillantes. Morbosos.
Pienso. ¿Qué se puede decir después de una historia semejante?. Me miro las manos, lo que sea para no enfrentarme a ella.
Tamborilea en la mesa con los dedos. Espera mi respuesta.
Abro la boca, no muy seguro de lo que saldrá, pero soy interrumpido por un sonido maravilloso, ella y yo miramos al mismo tiempo al guardia que aparece en la puerta que acaba de abrirse.
-La entrevista terminó- dice, hosco. No nos mira.
Dalila suspira y se pone de pie, me sonríe mientras el guardia le desata los pies y le pone las esposas. Soy incapaz de hacer cualquier gesto. Ella tampoco dice nada, pero justo antes de que el guardia la saque por la puerta se escurre entre sus manos. Rápida. Se acerca a mí y me dice al oído.
-Un solo consejo- me estremezco- de noche es más fácil, pero ya sabe, tenga cuidado con el brillo de la luna.-
El guardia la aparta bruscamente y la lleva a la puerta, firmemente sujeta
-Adiós señor- voz dulce. Imita a una niña inocente.
No puedo ponerme de pie. Mi cuerpo no me responde. Sus palabras dan vueltas en mi cabeza. De noche. La mejor opción. El brillo de la luna, si, lo había mencionado antes. Claro, si se refleja puede arruinarlo todo. Finalmente me levanto, pensando cual será el mejor lugar para comprar la navaja.
Aún estoy sudando.

Santiago, 10 de Octubre,2008

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